Algodón transgénico: una experiencia nefasta

En el año 2001 Indonesia comenzó a cultivar algodón genéticamente modificado, también conocido como algodón Biotec (Bt), pero dejó de hacerlo oficialmente en 2006 porque la experiencia fue nefasta. Veremos por qué, pero antes hablemos un poco del algodón transgénico.

Algodón genéticamente modificado

En cuanto a cantidad, el algodón es el tercer cultivo genéticamente modificado del mundo, por detrás de la soja y el maíz. Aproximadamente un 70% de la superficie algodonera mundial está sembrada con semillas transgénicas.

Las hay de varios tipos. Por ejemplo, en los países en desarrollo prefieren las semillas que se caracterizan por su resistencia a los insectos, a los gusanos sobre todo. En los países más desarrollados, especialmente en Estados Unidos y Australia, son más populares las semillas que se destacan por su tolerancia a los herbicidas (al glifosato y al glufosinato, que son los más utilizados).

Desde que la conocida compañía Monsanto comenzara a comercializar este tipo de semillas en el año 1997, su uso se expandió rápidamente en los países que las adoptaron, ya que en teoría resisten mejor y son más efectivas, por lo que los beneficios de las cosechas son mayores. Estas semillas son más caras porque los agricultores deben pagar una cuota tecnológica a la compañía que desarrolló las semillas, aunque se supone que generan ahorros en el desarrollo del cultivo. En todo caso, los beneficios de las semillas transgénicas dependen en gran medida de la presión de las plagas y las prácticas de producción y, por consiguiente, varían grandemente entre países y entre regiones dentro de un mismo país.

Desde 2010, más de la mitad de las plantaciones mundiales de algodón se han sembrado con algodón genéticamente modificado. No hay diferencias de precio entre las fibras de algodón natural y las de algodón transgénico. Según el Comité Consultivo Internacional del Algodón (una asociación de gobiernos productores de algodón, consumidores y países de comercio que actúa como el organismo internacional de productos básicos para los productos textiles de algodón), no hay rechazo del consumidor hacia el algodón modificado, aunque tampoco existe ninguna regulación que obligue a identificarlo. En la práctica, los mercados no identifican el contenido de algodón Biotec, sino que valoran las propiedades del algodón basándose en las características de calidad.

La experiencia de Indonesia

Indonesia fue el primer país del sudeste asiático que aprobó el uso de algodón transgénico en 2001. Se dice que la introducción en el país de algodón genéticamente modificado era una prueba de Monsanto para ver la aceptación de las semillas en el país. Es probable, ya que el cultivo del algodón en Indonesia no es muy relevante si tenemos en cuenta que sólo hay unas 50.000 hectáreas de cultivo en comparación con las 4 millones de hectáreas destinadas al cultivo de maíz.

bollgard-2-bannerEl algodón transgénico de la variedad Bollgard fue aprobado por el Ministerio de Agricultura en el año 2001. La intención era evaluarlo durante un año en plantaciones localizadas en el sur de Sulawesi antes de permitir su comercialización total. Sin embargo, poco después el ministro de Medio Ambiente se alineó junto con las ONGs que se oponían a esa decisión, ya que no se había realizado ningún informe independiente para evaluar los posibles riesgos. Únicamente se evaluó la eficacia de las semillas a corto plazo.

A pesar de ello, y de acuerdo con el decreto, la compañía PT Monagro Kimia (subsidiaria del grupo Monsanto en Indonesia) importó las semillas transgénicas desde Sudáfrica poco después de ser aprobado el decreto en febrero de 2001. Esto ya fue un poco extraño, ya que las semillas que se utilizaron para las pruebas provenían de Australia.

A los pocos meses los agricultores se dieron cuenta de que las semillas no iban a cumplir las promesas que les habían hecho. Las cosechas eran tres veces menores de lo prometido y, en algunos casos, la cosecha acabó siendo un desastre. Aproximadamente un 70% de los casi 4.500 agricultores que participaron en el proyecto no ganaron lo suficiente como para devolver el crédito.

A pesar de todo, el gobierno extendió la comercialización del algodón Bt por otro año. Y vinieron más problemas. El crecimiento de las plantas era mucho menor de lo normal, porque las semillas que dieron a los agricultores eran las sobrantes de la temporada anterior, y obviamente la efectividad era menor ya que la compañía, PT Branitha Sandini (subsidiaria de PT Monagro Kimia en Sulawesi) no tenía el lugar apropiado para guardarlas en condiciones.

Para más inri, el precio inicial de las semillas de 40.000 rupias (unos 2,5 euros) el kilo se dobló en la segunda temporada, mientras que el precio del algodón, que era comprado por la misma compañía que vendía las semillas, bajó de 2.600 a 2.200 rupias por kilo. Ese año, los agricultores hicieron frente a costes de producción más elevados, cosecharon menos algodón y lo vendieron más barato. Algunos rechazaron vender a un precio más bajo y simbólicamente quemaron parte de su cosecha. Quienes no lo hicieron continuaron plantando algodón transgénico para intentar recuperar las pérdidas, ya que aún estaban en deuda con la compañía.

En 2003, pese a que se renovó de nuevo el decreto para cultivar algodón transgénico, PT Branitha Sandini decidió no continuar vendiendo las semillas. Dijeron que las deudas de los agricultores les estaban suponiendo grandes pérdidas. Aparentemente, los agricultores se negaron a devolver el crédito. La empresa cerró la sede del sur de Sulawesi. A finales del año 2003 el gobierno de Indonesia anunció que había cancelado el proyecto de algodón genéticamente modificado y se orientaba a una variedad de algodón local y no transgénica.

El algodón Bt se introdujo en Indonesia asumiendo que si había funcionado en otros países como Estados Unidos, Australia y Sudáfrica, funcionaría en Indonesia. Pero parece ser que no tuvieron en cuenta que la ecología y el clima son diferentes.

Corrupción

Pero la historia no termina ahí. A comienzos de 2004 Estados Unidos comenzó a investigar posibles ilegalidades de Monsanto en Indonesia, especialmente si un consejero de Monsanto pagó 50.000 dólares a un oficial del gobierno indonesio para evitar un decreto que requería una evaluación de riesgo ambiental para el algodón transgénico que querían comercializar. Además se investigaron otros pagos ilícitos y falsificación de facturas. Los pagos ascendían a los 700.000 dólares e iban dirigidos a al menos 140 oficiales del gobierno y sus familiares. Todo ello se demostró cierto, por lo que Monsanto tuvo que pagar una multa de 1,5 millones de dólares.

Sin embargo, los agricultores que sufrieron pérdidas por cosechar algodón transgénico no fueron nunca compensados.

Para más información (en inglés):

Bt Cotton – The facts behind the hype

Bt Cotton in Indonesia: The miracle never happened

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